El caserío de Masca se eleva a 750 metros sobre el nivel del mar y
constituye un excelente mirador a los barrancos de la isla. Es realmente
difícil llegar a Masca por tierra y mar, así que este pequeño reducto no
presenta grandes construcciones y ha mantenido la más pura esencia
tinerfeña.
Sin embargo, la ubicación de este pequeño pueblo en un valle
entre acantilados es tan idílica como enrevesada.