El pueblo de Yaiza es el núcleo municipal y se encuentra en el borde del
área sepultada por las erupciones volcánicas de 1730 y 1736. Precisamente,
la crónica fundamental de las erupciones fue narrada por el entonces párroco
de Yaiza, Andrés Lorenzo Curbelo. Se trata de uno de los pueblos mejor
conservados del archipiélago canario, cuenta con diversos premios de
embellecimiento, sensación que percibe el visitante al pasar entre sus
calles y casas en extremo cuidadas y decoradas con variedad de plantas y
flores.