¿Cómo puede la seca isla de Lanzarote producir sus excelentes vinos blancos
y dulces? La respuesta es la ‘geria’, un hoyo cónico excavado en capas
naturales de grava volcánica de varios metros de profundidad, en el centro
del cual se planta una vid, y en cuyo borde se coloca una media luna de
rocas como protección contra el viento. Hilera tras hilera de estas
perfectas oquedades teñidas de verde, ocre y negro producen un paisaje único
en el mundo, que ayudó a justificar la declaración de Lanzarote como Reserva
de la Biosfera por parte de la Unesco.