Las hermosas montañas que se divisan desde la carretera en el trayecto que
lleva a Fataga anuncian ya que el encanto de este pequeño pueblo del sur de
Gran Canaria va más allá de lo pintoresco. Este es un rincón plácido y
delicioso, de casitas blancas bien conservadas, de pequeñas y estrechas
calles y de flores, muchas flores, que adornan esta aldea encaramada en lo
alto de un valle con el mismo nombre y rodeada por barrancos, pinos y un
palmeral frondoso y único.